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domingo, 21 de octubre de 2012

Yo tampoco se vivir, estoy improvisando.

A medida que creces, aprendes que no hay monstruos en el armario y que los Reyes Magos no te vigilan para ver todo lo malo que haces, que los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos. Aprendes que no existen príncipes azules, que todos los tíos son unos cabrones y los que van de perfectos, tan solo son cabrones disfrazados. Creerme, he aprendido que los conciertos están para dejarse los pies y la voz, que los besos a escondidas saben mejor, que un baño de agua fría a veces sienta tan bien como uno de agua caliente, que el mundo está plagado de personas geniales y a la vez, también hay personas que no merecen ni ser llamadas personas. También sé que hay personas que ya ni te saludan después haber estado infinitas noches, hasta las tantas de la madrugada, hablando de estupideces, que todo el mundo tiene en su Tuenti/Facebook gente que le cae mal pero que no le borra solo para cotillear su vida, que el maquillaje muchas veces hace milagros y que el amor se divide en fases (me gusta, me encanta, le quiero, le amo, le odio, que se muera, indiferencia y olvido). Sé que los tacones a las seis de la mañana en una fiesta ya no están en los pies, que las medias se rompen muy fácilmente y que el pintalabios rojo no se quita de las camisas blancas. Que decir "es una larga historia" es sinónimo de "no me apetece una mierda contarla", que hay canciones que te recuerdan justo eso que intentas olvidar, que algunas amistades no son de las verdaderas (un besito para tu novio, "amiga"), pero sobre todo, lo más importante que he aprendido es que sé que cuando una chica te dice "no te preocupes, estoy bien", en realidad no lo está. ¡Abrázala imbécil!

Al final del día, todo lo que realmente queremos es estar junto a alguien. Así que, eso de que todos intentamos mantener las distancias, en realidad es pura mierda. Elegimos la gente que queremos tener cerca y, una vez elegidos, tendemos a mantenernos cerca aunque les hagamos daño. La gente que finaliza el día a tu lado, esos son los que merece la pena, y a veces cerca puede ser demasiado cerca, pero otras veces, esa invasión del espacio personal puede ser exactamente lo que necesites. Un día pensé que no había momentos perfectos, y hace unos días descubrí que me equivoqué, que sí existen los momentos perfectos, sólo hay que saber buscarlos, saber quitar importancia a los errores, a esos pequeños detalles.

Alguien dijo alguna vez:

Que nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos. ¿Sabes? Yo soy de esas que siempre han dicho que no estamos locos, que sabemos lo que queremos. Que hoy daría el mundo por ti y mañana ni me acuerdo. Que ojalá no te hubiera conocido nunca, aunque sabes que es la mentira más grande que puedo decir; que ahora blanco y luego negro, pero el gris no está nada mal. Que te quiero pero te odio, y que no sé pensar sin recordarte, no sé. Yo a veces no reacciono, tú eres el que se debería dejar llevar. Dejarse llevar e ir a por aquello que te hace feliz. Que el tiempo corre demasiado deprisa, y lo único que no te va a gustar de la vida es que te va a parecer demasiado corta. Estás aquí para ser feliz, ¿me entiendes? Pues nada más que decir.


~ ~ ~ ~ ~

Sentada aquí pensando, algún día ya no tendré que ir más al instituto, algún día no podré hablarle a mis amigos todos los días, algún día todos creceremos y nos olvidaremos de la mitad de la gente con la que pasamos los primeros 18 años de nuestras vidas, algún día alguna gente se mudará lejos, algún día yo y mi mejor amigo no nos hablaremos todos los días como lo hacemos. Algún día nuestros amores no estarán cerca. Algún día probablemente no le hablaré ni a la mitad de mis amigos más cercanos que tenía en la escuela, algún día la vida ya no sera fácil, algún día todas mis bandas favoritas y músicos no seguirán haciendo música, algún día todas las cosas que me hacían felices cuando era joven no existirán mas, algún día mis padres ya no estarán, algún día me olvidaré de los mejores momentos que pasé con mis amigos, algún día seré muy vieja para hacer las cosas que amaba hacer, algún día la vida cambiará. Dije que quería crecer muchas veces. Algún día me voy a arrepentir de querer crecer tan rápido. Algún día la vida no será la misma.

¿A dónde fueron los superhéroes?

A ningún lado. Ven, te los enseñaré.
Asómate a la ventana. ¿Ves esas miles de personas que corretean de aquí para allá? Tú, ves personas. Yo, veo héroes. Porque cada uno de ellos lleva un poder dentro. No, es cierto; no visten con los calzoncillos encima de los pantalones, ni tienen una súper capa. No tienen un signo, o un emblema. Ni siquiera pueden volar. Pero los verdaderos superhéroes tienen poderes mejores que esos. Algunos saben escuchar, otros aconsejar, unos pocos actuar bien en momentos difíciles, y otros muchos sonreír a pesar de los problemas. De hecho, si que se disfrazan. Usan las sonrisas como máscara, y las lágrimas como su salvación. Están entre nosotros, esperando el momento de que alguien caiga, para ayudarles a levantar.En el fondo, todos somos iguales. Superhéroes que salvan vidas, a base de sonrisas. Superhéroes que, nos guste o no, también necesitan ayuda.

viernes, 13 de abril de 2012

Aprendí que quién no te busca, no te extraña, y quién no te extraña, no te quiere. Que el destino determina quién entra en tu vida, pero tu decides quién se queda. Que la verdad duele una sola vez, y la mentira cada vez que nos acordamos. Hay tres cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo, y las oportunidades. Por eso,valora a quien te valora, y no trates como prioridad a quién te trata como opción.

Te quiero...

Sí, puede que tal vez me haya cansado. Quizás me haya cansado de desilusiones, quizás de soñar despierta o de mirar el móvil cinco veces cada vez que me despierto en mitad de la noche. Y quizás también me haya cansado de esconder mis sentimientos, de fingir que todo me da igual, de hacer como que no te he visto cuando pasas a mi lado. Cansada de ver películas de amor con final feliz, y de preguntarme por qué yo todavía no he tenido ningún final así. Cansada de odiarme a mí misma por no ser capaz de odiarte, de tumbarme en la cama en plena tarde de domingo mientras ahí fuera pasa la vida. Ya no recuerdo por qué llegue a estar así, por qué me ilusioné tantas veces, por qué no fui capaz de decirte aquel día que me pasaría la vida sentada a tu lado tan sólo para oírte respirar.
Que solamente es necesario una mirada para hablar en silencio.